Para estabilizar la Atmosfera hay que reducir las emisiones de Co2 un 80 por ciento.
Por: Enrique Naveda/El Periodico
Está ahí, de pie y quieto, y habla lentamente desde el estrado. Abajo todos escuchan como si no pudieran dejar de hacerlo. Las caras absortas; los labios forman ese tipo de sonrisas que nacen de la fascinación. Por decirlo de forma poco ingeniosa, Edmundo de Alba es un Al Gore mexicano, pero menos encendido.
El hombre que conferencia sobre el cambio climático no solo es la versión científica del político estadounidense, sino que como él, acaba de ser partícipe del último Premio Nobel de la Paz: vicepreside el Grupo II sobre Impactos y Vulnerabilidad del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), con el que Gore comparte la corona sueca. Así que quien hoy, jueves 24 de enero, está frente al público no es un individuo de pasiones comprometidas con nadie: es un hombre de ciencia, que ha puesto sus análisis y sus alternativas ante los poderosos del mundo y les ha sugerido, como dice en la conferencia que está ofreciendo, “que cada uno cumpla con su deber histórico”. ¿Y cuál es su propio deber histórico? Afirmar que si el cambio climático ya está aquí –cosa que, confirma, es posible– ya no se puede dudar de la responsabilidad del hombre en el calentamiento del mundo. Y tiene datos. A veces los suministra en dosis y a veces los suelta en torrente, pero siempre constituyen una flecha helada para los opositores de esa idea. La teoría antagonista explica que el cambio climático actual no tiene que ver con el hombre, sino con los ciclos naturales de la Tierra, en los que se alternan glaciaciones y temporadas de playa. Según esta teoría, ahora se estaría produciendo la transición de una a otra. Sin embargo, De Alba no coincide con este punto de vista. Hoy, la cantidad de dióxido de carbono o CO2 (un gas de efecto invernadero que favorece el calentamiento) en la atmósfera supera con creces la que hubo en los anteriores 650 mil años. Ese período contempló siete glaciaciones y en ninguno de los períodos interglaciales la concentración excedió las 300 partes de dióxido de carbono por millón. La atmósfera soporta en este momento 380 y si se sigue a este ritmo, a mitad de siglo desaparecerá el hielo del polo durante el verano, los calores extremos y los huracanes serán más comunes e intensos, y para fin de siglo la temperatura subirá tres grados. Once de los doce años más calientes de la historia registrados instrumentalmente acontecieron entre 1995 y 2006. El Informe de 2007 del IPCC, resultado del trabajo honorario de 2 mil 500 científicos de 150 países durante cinco años, concluye que el incremento de CO2 se debe en esencia al uso de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y algunos gases, y apunta a una fecha de inicio: la Revolución Industrial. A partir de esta, explica, la quema de combustibles fósiles comenzó a despedir gases que se acumularon en la atmósfera a un ritmo que los mecanismos automáticos que gobiernan la Tierra no podían regir con eficiencia. “Carbón y petróleo son productos que la naturaleza depositó en las entrañas de la tierra; todo ese proceso de millones de años lo estamos sacando y el resultado es que el gas va para arriba en forma tremenda. Y el CO2 no es el peor de todos. Cada tonelada de metano emitida a la atmósfera tiene, en términos de efecto invernadero, la repercusión de 21 toneladas de dióxido de carbono”. De 1970 a 2004, recuerda, las emisiones de dióxido de carbono han crecido un 70 por ciento. En 1994 la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático entró en vigor con un objetivo: estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que no permita que el hombre influya peligrosamente en el cambio climático. A día de hoy, no hay acuerdo sobre lo que significa “peligrosamente”, y según Edmundo de Alba, las posiciones varían mucho. Mientras Europa quiere establecer como límite un incremento de dos grados en la temperatura mundial, hay quien cree que lo realista es aceptar una concentración de CO2 en la atmósfera de 550 partes por millón, duplicando el promedio de los últimos 650 mil años. Según De Alba, estabilizar significa reducir las emisiones un 80 por ciento. En 2004 la atmósfera recibió 49 gigatoneladas de CO2. Si lo medimos en gramos, un 49 con una estela de 15 ceros. En total, aloja cerca de 750. La producción de energía incrementó sus emisiones en un 145 por ciento, el transporte en un 120, la industria en un 70, y el cambio de uso de suelo y la deforestación en un 40. Quizá por eso, solo por eso, "el cambio climático –así comienza Edmundo de Alba su conferencia– ha sido considerado el problema más grande que enfrenta la humanidad".

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Por Rosa María Bolaños/ Prensa Libre
