Por: Mirja Valdés de Arias /elPeriódico
Parecen pequeñas pelotas plásticas negras, pero son limones y están deshidratados. Perdieron su color amarillo y todos sus líquidos, sometidos a un proceso de deshidratación de dos días. Es un producto que aquí no tiene demanda, pero en otras latitudes vaya que sí la tiene.
Roberto Carlos lo descubrió en unos de sus viajes a países de Oriente Medio, donde vende cardamomo desde la década de los ochenta. En esas latitudes utilizan el limón deshidratado para sazonar carne de cordero, o bien usan el líquido, convertido en polvo, para preparar salsas. Carlos fundó la empresa Lemonex y se aventuró a procesarlo de la misma manera que en esos países, secando los limones al sol, pero ese proceso requiere de cuatro meses para llevar el fruto al punto óptimo. Demasiado tiempo.
“De pronto los precios bajaron en el mercado y buscamos otra forma de producir más en menos tiempo”, cuenta.
Se mudó a la tecnología de secadoras de gas propano, pero con el alza de los hidrocarburos le duró poco el entusiasmo. “¿Cerramos, o encontramos otra forma de producir más barato?”, se preguntó una vez más. Le hablaron de trabajar con energía geotérmica en un área de Amatitlán. Y él se aventuró.
Carlos procesa de mayo a diciembre 300 mil quintales de limón criollo del que se cae del árbol, ese que por maduro nadie quiere comprar. Con la energía geotérmica redujo la cantidad de trabajadores en planta, y mientras crecía su capacidad de secado abrió las puertas a más productores de ese limón que nadie quiere. Exporta el cítrico en pelotitas negras y en polvo a Oriente Medio.
“La inversión inicial es alta, pero se compensa al dejar de comprar 4 mil galones de gas propano por semana, el 40 por ciento menos en costos de producción”, justifica. Además, hay cero contaminación, con gas propano su deshidratadora expelía dióxido de carbono (CO2).
Calor de la tierra
La máquina deshidratadora de limones funciona con la llamada energía renovable, con calor extraído de la tierra con energía geotérmica. “No contaminamos, producimos más en menos tiempo y, por lo tanto, logramos reducir costos”, asegura Carlos.
La instalación parece el tendido de una petrolera a escala. “De hecho, se utiliza la misma tecnología, porque el calor que extraemos a través de vapor es altamente corrosivo por los materiales que trae el agua, sulfato y ácido sulfhídrico”, explica. Carlos se esfuerza por explicar de la manera más sencilla este proceso: “De aquí, de donde estamos parados, extraemos calor del manto magmático (lava) del volcán de Agua a través del vapor emanado del manto freático (agua) que lo antecede. Lo conducimos a través de las tuberías que llegan a un gran radiador, que a través de un ventilador impulsa ese calor hacia la cámara secadora”. Es la versión corta del proceso que se produce en los metros y metros de tubería, que vienen desde el subsuelo hasta el interior de la planta.
Hay otra deshidratadora de frutas que funciona de manera semejante a la de Lemonex: sus vecinos, Agroindustrias La Laguna, quienes con una planta similar ganaron el Premio a la Innovación Ambiental en 2002. También a la vuelta de sus instalaciones se encuentra una fábrica de blocks que seca su producto con energía geotérmica. Hay muchas aplicaciones para su uso, no obstante, las únicas cifras recolectadas por el Ministerio de Energía y Minas (MEM) de su aprovechamiento son las de generación de energía eléctrica, que representan el 2.1 por ciento de la producción total del país. En Guatemala, se producen 33 megavatios con energía geotérmica, aunque según estudios del MEM, podrían explotarse hasta mil.